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La media Inglesa es very difilcut

Abril 13, 2018
Alguna vez Carlos Tevez dijo en simpático inglés veri dificul como traducción de la expresión “muy difícil”.
El encuentro jugado en el moderno y coqueto Allianz Parque era, prima facie, el que se presentaba como el más complejo de la fase inicial de grupos. Lo que el calendario no podía prever es que a las ya tristemente fijas ausencias de Gago y Benedetto, debíamos adicionarle que Tevez viajó casi pidiendo permiso, dando innegables ventajas físicas. No sólo ello, una inesperada derrota en la Bombonera contra Defensa y Justicia –originada en groseros yerros defensivos- y ese sentir –por demás exagerado- que supuestamente Boca merma su nivel en partidos decisivos formaban parte de los ejercicios competitivos de un equipo que se terminó de confirmar a menos de quince minutos de iniciarse el partido.
Como vemos, decenas de condimentos extras que aumentaban la dificultad inicial de jugar ante 39000 hinchas rivales. Nobleza obliga, el fixture local le hizo un guiño a Boca. Tres días antes Palmeiras perdió la final Estadual (Paulista) contra su rival de siempre en el propio Allianz Parque. A contrario sensu, si Palmeiras la hubiera ganado la dificultad previsible hubiese alcanzado su pico máximo de valor.
Con todos esos condimentos dando vueltas, Boca llegó a San Pablo confiando en su juego. Guillermo presentó un once inicial con apellidos con vocación ofensiva, respetando –en los papeles- su predilecto 4-3-3. El local cambió a último momento dos jugadores: Diogo Barboza y el gambeteador Keno jugaron desde el inicio cuando nadie lo podía sospechar, siquiera la prensa paulista presente en el estadio. El rival también ofrecía un similar dibujo táctico pero a poco que empezó a rodar el balón, Palmeiras se plantó con un 4-2-3-1, con mucha movilidad de sus cuatro jugadores más ofensivos (Lima, Dudú, Borja -el peor de la cancha- y Keno), más las constantes subidas de Rocha y Barboza. Boca fue pragmático e inteligente. Supo que el DT Machado confiaba en que el experimentado y todo terreno Felipe Melo se haría amo y señor del medio campo pero cayó en el cerrojo planteado por Guillermo. Frente al calvo Felipe Melo estaban Pablo Pérez y Bebelo Reynoso (sí señor) dispuestos a devolver patadas, planchas, forcejeos y usar el potrero cuando la jugada lo requería. Detrás de ellos aparecía ese pulpo llamado Barrios. Así Boca no sólo impidió que el rival lo avasallara –como normalmente hacen los equipos de elite brasileros cuando juegan como locales- sino que en varios pasajes del juego, principalmente en el primer tiempo, el Xeneize le sacó la pelota. Para que ello ocurra además se precisó de la solidez de los dos centrales (que hicieron desaparecer a Borja, anticipándolo siempre) y que los dos laterales cuiden el sector de la cancha a su cargo. Dudú (cuyo apellido es el que más se lee en la espalda de las camisetas de los hinchas Albiverdes) y Keno son jugadores de temer, a quiénes no les poder dejar un metro para que encaren en velocidad. Dudú no pudo hacer valer su juego pero Keno terminó siendo la figura rival, aún antes de convertir el tanto del Palmeiras.
Wanchope Ábila jugó a su juego –forcejar entre los corpulentos defensores rivales, aunque perdió bastante más de las que ganó- y faltó algo de Cardona, quien ha bajado en su nivel y ha acotado su despliegue a cada vez menos metros cuadrados. Otro detalle destacable es que Magallán y Goltz, en los balones detenidos, dejaban de marcar en zona y lo hacían hombre a hombre contra los centrales Paulistianos. Una pena el desgarro de Goltz, tal vez lo más negativo de la noche.
El análisis táctico y estratégico dependía de como los intérpretes asumían el rol que les correspondía. Mucho se dijo más arriba. Pero lo que no se dijo es que colectivamente lo han hecho muy bien. Con aplomo, con presencia, con autoridad. Jugaron un partido de Copa como al hincha Xeneize le gusta. Eso es lo que genera Boca cada vez que pisa tierras brasileras, y eso es lo que hizo ayer. Hasta Agustín Rossi descolgó un par de centros con personalidad.
Para remarcar la solidaridad de Reynoso –para mi la figura de la cancha-, la omnipresencia de Pérez –amén de algunos pases erráticos-, la solidez que queremos de los backs y la ratificación que las corridas de Pavón siguen siendo la principal arma de Boca en ataque.
Boca controló las riendas del partido aún sin llegar al área de Jailson. Lo bloqueó por completo a Palmeiras y silenció a sus hinchas. Se logró cumplir con la parte más importante (el cero en el arco propio). Faltó profundidad, pero, siendo justos, eso debemos exigírselo más al local que al Xeneize. Ese hubiera sido el contenido de la columna si el partido terminaba en el minuto 89. Pero es la Copa Libertadores
Y la Copa Libertadores exige un plus adicional, tiene algo que la distingue y eleva por sobre cualquier torneo que se juegue en el Continente. Ese “no te podés equivocar nunca”. Jara, quien había jugado más que bien, hace un blooper, se hace un nudo sólo y se cae. Faltaban segundos para llegar al tiempo cumplido y llega el gol del Palmeiras. Injusto por dónde se lo mire.
Pero ese plus adicional se aplica en las dos áreas. Le tocó a ellos dos minutos después. La velocidad de Pavón y ese ángel aparte (de los tocados) que tiene Tevez igualaron el partido. La pelota ingresó con suspenso, previo rebote en el horizontal, para darle más emoción al –mucho más que- merecido empate del elenco de la Ribera.
Como ante Tigre, Atlético Tucumán y Talleres (pudo serlo con Defensa y Justicia pero Ramón Ábila –vital en dos de los tres antes nombrados- lo malogró), esta vez fue el turno de Palmeiras. Boca siguió peleando y yendo a buscar el arco contrario hasta el pitazo final del referí de turno. Ya no podemos hablar de algo casual. Afirmemos, sin temor a equivocarnos, que la actitud de este equipo ha positivamente mejorado.
Veri dificul lo fue, pero Boca viene cumpliendo con la media inglesa. Dos empates afuera y una victoria en casa. Se aprobó, con creces, el más duro examen copero de esta parte del año. El resultado y el rendimiento ayudan para acceder a la segunda fase. Sigamos por este camino.

Leandro Valdés
Abogado y Periodista. Autor de Los verdaderos Mellizos de la Boca y Mística 2000. Integrante de Asados Bosteros y comentarista de Cadena Xeneize
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